domingo, 7 de noviembre de 2010

AWAITING JONATHAN

Hey, en serio, esto de Madrid está muy bien. Es una ciudad que encaja piezas. Barcelona sería más una ciudad de fluidos, no? Madrid encaja piezas.
El viernes, por ejemplo, vinimos en AVE desde Barcelona coincidiendo que era el mismo tren que pillaba Brishe, imaginad la alegría... ¿no es eso "diversión encajada"?



A la llegada nos eperaban los sicarios del Focopalooza con un taxi que nos llevaría al hotel. Iendo para allí, conduciendo por la Gran Vía, de repente, entre cientos de peatones madrileños, descubrimos a Jonathan paseando. Jonathan con su americana, el joven Carpanta. Y nos hizo una ilusión terrible, esa sensación rara de encontrarte por casualidad en otra ciudad a alguien que jamás habías visto fuera de tu barrio. Nos lo quedamos mirando riendo muy fuerte, señalándolo, pero no le dijimos nada porque todos estábamos iendo hacia el mismo sitio en realidad, hubiésemos liado algo raro.
La cosa es que, después de dejar las cosas en la habitación, al salir a la calle para ir a comer, lo volvimos a ver al otro lado de la calle, esperándonos de espalda. Entonces sí que no pudimos resistirnos a sacarle una foto.



Mirad qué estampa, cuántos caminos se abren viendo a Jonathan esperándote en el otro lado de la Gran Via madrileña.
La sensación de ir encajando piezas, como un Lego. Menuda gilipollez, no? Dejadnos soñar, yo qué sé.

2 comentarios:

Masles Roy dijo...

Jajajaj esa sensación es genial. Me pasó en Mérida cuando me encontré al maestro Trebaldi (el único emeritense que conozco, de la facultad)

Lo que molaría sería veros por Madrid y señalaros como una atracción turística, como una exposición itinerante de pontífices raros

Mireia Pérez dijo...

En Madrid nunca dejan de suceder cosas así. Y me temo que eso es lo más normal que os va a pasar... :)